Cuenca natural y monumental

Las Torcas en Los Palancares y Las Lagunas en Cañada del Hoyo, donde la tierra está llena de grandes y redondos agujeros como si fuera un queso.

Muy cerca de Cuenca, en plena Serranía Baja, el terreno se llena de grandes agujeros. Estos “accidentes naturales”, que parecen las huellas de un gigante, son circulares y se originaron hace unos 80 millones de años, cuando casi toda la provincia estaba cubierta por el mar Thetis, lo que ahora es el Mediterráneo. Son Las Torcas de Los Palancares y cada una tiene su propio nombre y leyenda: de la Novia, del Lobo, del Tío Agustín, Aliagosa… A 10 km. están Las Lagunas de Cañada del Hoyo, cuyas aguas, en apariencia, son de distintos colores e incluso parecen cambiar de color según la hora del día. Esta excursión puede completarse con una visita a Cañada del Hoyo, que aún conserva su arquitectura popular y esconde tesoros como la Ermita de la Virgen de los Ángeles, la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y el Castillo del Buen Suceso, que domina la población.

Buendía, donde un camino te lleva hasta unas rocas que tienen múltiples caras.

Te proponemos un juego: descubrir entre las rocas a distintos personajes. En el entorno natural de Buendía, dos artistas han ido esculpiendo desde 1992 una serie de rostros en las paredes de las rocas. Es la Ruta de las Caras. Este recorrido serpenteado de pinares esconde diferentes personajes como la Monja, Beethoven, Duendes, El Chamán… Todas ellas son figuras mágicas que hacen que la roca cobre vida. La ruta se encuentra cerca del Embalse de Buendía, que tiene una longitud de 50 km. y en él puede practicarse esquí acuático, windsurf, navegación y pesca. Si preferimos acercarnos a la historia, podemos pasear por Buendía, donde su muralla y las cuevas del casco urbano atestiguan la herencia dejada por musulmanes y visigodos. De interés es la Plaza Mayor, la Iglesia de la Asunción de estilo renacentista, y la casa de la Tercia que, actualmente, alberga el Museo del Carro. Otro lugar de arraigo y devoción, es la Ermita de la Virgen de los Desamparados, levantada en los siglos XVI y XVII. Está situada en un paraje de gran belleza natural, al final de la Hoz del Río Guadiela.

El casco antiguo de Cuenca

De ninguna forma podemos perdernos el espectáculo arquitectónico de sus Casas Colgadas, ni sus “rascacielos“ como máxima expresión de arquitectura popular, pero no podemos olvidar que estamos en Cuenca, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, y que está literalmente salpicada de monumentos como la Catedral, la Torre Mangana o su multitud de iglesias y conventos. Te invitamos a descubrirlos a través de sus callejuelas medievales perfectamente conservadas descubriendo lugares imposibles que se abrazan a la propia naturaleza.

La Plaza Mayor será nuestro punto de partida para esta ruta. Bordeando la Catedral de Nuestra Señora de Gracia (única en España de estilo gótico-normando y considerada como una de las joyas de la arquitectura castellana) por la calle Obispo Valero, visitaremos el Palacio Episcopal (s.XVI y posteriores), residencia del Obispo de la diócesis, oficinas del Obispado y Archivos. Sobre la puerta, el escudo del Obispo Flores Osorio, bajo cuyo gobierno se culminó la obra. También en esta calle, podemos ver el Museo Diocesano y el Museo de Cuenca.

Siguiendo por la calle Canónigos, llegamos hasta la Plaza de Ronda, antes conocida como Plaza de los Teresillos (por el apelativo con se conocía a la familia que vivía allí). En ella tenemos la entrada a las Casas Colgadas: tres son las Casas Colgadas que se conservan, y que poco tienen que ver con las originales tras varias restauraciones sufridas. Pocos son los datos históricos disponibles sobre las originales Casas Colgadas. Datan del siglo XIV o principios del XV. En algún antiguo escrito se ha llegado a comentar su origen árabe, aunque es dudoso concretar su origen antes de la llegada de los cristianos. Más bien se sostiene la teoría de que sirvieron de residencias nobiliarias. En la actualidad en ellas se aloja el Museo de Arte Abstracto Español y un mesón. Estas Casas Colgadas se llaman Casas del Rey y Casa de la Sirena.

Tras pasar por un pasadizo (que fue en su día una de las puertas de acceso a la ciudad) bajo la Casa de la Sirena, llegamos hasta el Puente de San Pablo. Construido a iniciativa del canónigo Juan del Pozo aproximadamente entre 1533 y 1589, inicialmente de piedra, estaba formado por cinco arcos apoyados en pilares en forma de torres. Tras sufrir varios derrumbamientos, sería en 1902 cuando se sustituyó por el de hierro y madera actual, conservando del original, unos leves restos en las torres que lo sustentan. Tiene una altura de unos 60 metros aproximadamente.

Antes de cruzar el puente hacia el Parador de Turismo, debemos mirar la más popular figura escultórica de la ciudad: el Pastor de las Huesas del Vasallo. Una obra de Luis Marco Pérez, que tomó a un modelo real: un pastor de Valdecabras. Atravesando el Puente de San Pablo llegamos hasta el Convento de San Pablo, construido por iniciativa de Juan del Pozo en 1523, fue ocupado en principio por los dominicos; posteriormente y hasta el 1974 se utilizó como seminario de los Padres Paúles. Y desde 1993 es Parador Nacional de Turismo. A su lado, la Iglesia de San Pablo, donde a los pies de su altar está enterrado el canónigo fundador.

No dejen de apreciar la maravillosa vista panorámica de la Hoz del Huécar y las Casas Colgadas.

Cruzamos de nuevo el Puente de San Pablo y llegamos hasta la Plaza de Ronda, lugar donde se encuentra el Museo de Cuenca, también conocido como la Casa de Curato, por haber sido residencia del titular de la parroquia de Santiago, ubicada en el interior de la Catedral. En él, se exhiben hallazgos encontrados en diversas excavaciones realizadas en la provincia, del Paleolítico a la época moderna. También tiene una biblioteca especializada en los temas que trata el museo.

Por la calle Colmillo salimos de nuevo a la Plaza Mayor y pasando bajo los arcos del Ayuntamiento y ya en la ante plaza, mediante unas escaleras, subimos a la Plaza de la Merced, compuesta por el Convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento, con entrada por la ante plaza, el Seminario Conciliar de San Julián y la entrada al Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha.

Si volvemos a la Plaza Mayor y, pasada la Catedral a la derecha, tomamos la Ronda de Julián Romero, llegaremos al antiguo Convento de Carmelitas, frente al que se sitúa su destino, el Hotel Leonor de Aquitania.